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domingo, 28 de enero de 2018

Charly Charly ¿Puedo salir?



¿Has visitado el mundo de los muertos? Sí, el mundo de los muertos… Es fácil traer a un muerto a este mundo…, ¿pero tú internarte en el más allá y volver ileso
?

A lo mejor empiezo desde el origen de la historia. Charly es una suerte de ”ayudante” del Diablo, un captor de esencias mortales, sumamente astuto. Existe un juego muy popular denominado ”pregúntale a Charly”, que responderá a lo que propongas con un sí o un no. Pero graba lo siguiente en tu mente: nunca preguntes sobre la muerte, amor o dinero porque no suele agradar lo que se escucha. Las reglas del juego dictan así: con la misma persona que entraste debes concluir el juego, no pongas a otras personas en riesgo bajo ningún concepto, el ente que te responde puede cambiar, no obligues a otros a participar, y si el ente lo desea, tu condena te encerrará en "su" más allá por siempre
.

Ana era mi mejor amiga de la infancia. Ambas éramos muy curiosas y nos encantaba experimentar con cosas sobrenaturales. Por ser muy inexpertas no conocíamos esas reglas. Primero preguntamos lo que cualquier niña quisiera saber: "¿Me casaré joven?”, ”¿tendré muchos hijos?”, etc.

Hechas dichas preguntas, Ana inquirió con tono decisivo: ”Alguna de nosotras morirá pronto?”. La respuesta fue un ”sí”. Ana no se atrevió a preguntar quién de las dos sería. Yo me aterré; tampoco me atreví. Así que dije: ”Charly, Charly, ¿me puedo salir del juego?". Pero la respuesta fue un no. Dejamos de jugar ese día, y lamentablemente perdí contacto con Ana. Una semana después me enteré de que había enfermado. La fui a visitar a su casa. Su madre me dijo que solo podría estar 10 minutos o menos porque ella parecía encontrarse muy grave, pero yo no sabía qué tenía (o creo que no lo recuerdo) cuando entré a verla. Ella quería terminar el juego. Preguntamos si podíamos salir del juego y la respuesta permanecía en un rotundo "no". Transcurrieron 5 minutos. Ana empezó a vomitar, luego me aseguró que era normal cuando se incorporó. Interrumpí el juego. Entonces Ana se deshizo en espasmódicas convulsiones, temblando frenéticamente. Grité llamando a su mamá, quien entró rápidamente con una expresión histérica. Antes de que yo dejase la habitación completamente, vi que Ana caía de su cama y golpeaba la mesita de vidrio puesta al costado, con tal fuerza que se le había hundido el cráneo. Muchísima sangre derramaba la herida abierta. La madre de Ana le contó a la mía lo sucedido. Por mi parte, no acepte ni negué lo sucedido ese día.

El punto era este: ¿Has visitado el mundo de los muertos? Yo sí. Después de lo que le pasó a Ana, decidí investigar más sobre ese Charly. Descubrí las reglas del juego y comprendí que ella ya pertenecía al sinnúmero de prisioneros del ente: Ana me visitaba en mis sueños. Una noche me comentó que yo podía entrar a la dimensión en la que ella estaba atrapada y me explicó el procedimiento, el cual es bastante sencillo. Solo debes tener un gis, una piedra, como esa que adorna el fondo de las peceras (no recuerdo muy bien el nombre) y un espejo (que promete tu regreso). Era necesario concentrarse en las palabras que ella me recomendó (varían de acuerdo a la persona) y pronto me hallé en ese lugar, lleno de tinieblas profundas y eternas. Supe que podíamos salir del juego después de la muerte. Logré que ella burlase su destino en esa dimensión espantosa, y por fin pudo descansar en paz.

Pero Charly me negó la salida. ¿La razón? Simple: quería utilizar mi ”don” para traer más muertos a este mundo. Yo me negué. Solo era una niña, no podría hacerlo ni quería. Cuando me libré del mundo de los muertos, mi poder se intensificó. Podía ver más ”almas”: cuán grande fue mi terror a causa de esto.

Charly me hace daño desde entonces, Charly me retiene en su juego. Él me visita en mis sueños. Me dice que me ama, que nunca seré feliz y que quien juegue morirá por mi culpa.

Dice que veré morir a todos mis amigos... Y lo peor: que siempre está conmigo..

jueves, 10 de abril de 2014

El Pintor Maldito



El Pintor Maldito




Bruno Amadio (nacido en Venecia, Italia en 1911 y fallecido en Padua, Italia en 1981), más conocido cómo Angelo (Giovanni) Bragolin, Franchot Seville, J. Bragol ó El Pintor Maldito, fue un pintor italiano nacido en Venecia y afincado en España tras la Segunda Guerra Mundial. Es el supuesto creador, de fama algo extraña, de una serie de 27 retratos conocidos cómo Los Niños Llorones.




Leyenda

Se dice que frustrado por su nula fama como artista, Amadio hizo un pacto con el Diablo para que sus pinturas tuvieran éxito en la sociedad. A partir de entonces realizó cuadros en los que aparecen niños llorando. Uno de ellos fue un retrato de un niño que vivía en un orfanato que, una vez finalizado el cuadro, se incendió y acabó con la vida del niño. Su alma, entonces, se dice que habita en el cuadro. las obras de este pintor han transcendido el posible hecho pictórico. La gran expresividad y el simbolismo que reflejan, emanada de la sensibilidad del autor influida por los acontecimientos sociales del momento, han llevado a la creación de fábulas que nunca han sido corroboradas. También se dice que Bruno Amadio era un pederasta que violaba a los niños y después los pintaba llorando.

Jeffrey Dahmer



Jeffrey Dahmer es un asesino en serie cuyo perfil psicológico es el prototipo del hombre carente de todo aquello que hace tolerable la vida. Su actitud negativa le impidió tener amigos, relaciones, trabajo, intereses, ocupaciones, dinero, esperanzas o simplemente un lugar donde vivir. Nunca llegó a socializase y su interior emocional se fue degradando mientras llenaba su enorme vacío con fantasmas.

Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio problemático, compuesto por un investigador químico y una neurótica emotiva y autocompasiva esposa. Era un niño tímido y solitario que temía el abandono y daba la impresión de estar desamparado.

El joven Jeffrey no hacía más que gritar pidiendo atención desde temprana edad pero esos gritos nunca fueron oídos ya que sus padres estaban demasiado absortos en sus propias guerras personales que los llevaron a un amargo divorcio en 1978.

Su familia cambió de vivienda seis veces antes de establecerse en 1968 en Ohio. La mayor parte de su infancia la pasó escondido en un cobertizo de madera en una colina cazando insectos en frascos y conservándolos en formol. Pronto se interesó por la anatomía animal. Sentía gran curiosidad por saber qué tenían por dentro y llenó el sótano de su casa con huesos de conejos, pollos y otros animales. Luego pasó a las ardillas, mapaches y otras piezas más grandes, transportaba los cuerpos hasta el bosque, donde los dejaba pudrirse, luego sumergía los restos en lejía para limpiar y blanquear los huesos.

Su madre tras una temporada en el hospital, como consecuencia de la ingestión de grandes cantidades de tranquilizantes y otras drogas, tuvo que guardar cama por el resto de sus días, hecho que conduciría a Jeffrey a un aislamiento inquebrantable.

A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se convirtió en un solitario, balando como una oveja en el aula de clase y comportándose como un retrasado en las tiendas para llamar la atención de sus compañeros. También comenzó a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis años solía ir borracho a clase, donde tenía un solo amigo que era proveedor de marihuana y con quien se drogaba a diario. El joven se refería al alcohol como su "medicina", un tónico autorecetado con la intención de calmar sus momentos de angustia. Y ese alcohol a su vez, alimentaba su inclinación hacia la excentricidad.

A los diecisiete años, tras observar un joven que a diario pasaba haciendo ejercicio delante de su casa, sintió un deseo desenfrenado de poseerlo; como no se atrevía a abordarlo para entablar una conversación, optó por coger un bate de béisbol y se dispuso a esperarlo con la idea de atacarlo cuando pasara pero afortunadamente el joven dejó de ir a correr por esa zona, salvándose así de ser la primera víctima del atormentado Jeffrey Dahmer.

Un año después, su padre abandonó el hogar, y al poco tiempo, el 18 de junio, el chico toma venganza recogiendo en la carretera a un muchacho a quien llevó a su casa y asesinó, luego metió el cuerpo en un saco de basura y lo arrojó por un barranco.

Después de esto, entró en una crisis depresiva y renunció a seguir viviendo, pero su padre lo envió a la universidad. Allí también fue rechazado por su continuo estado de embriaguez, y en diciembre de 1978 su padre lo obliga a alistarse en el ejército pero sus continuas borracheras no cesan. Al licenciarse va a vivir con su abuela, donde muestra una posible reinserción social, pues comienza a ir a la iglesia, a leer la Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra trabajo en una fábrica.

Pero poco duró este cambio. Al poco tiempo comenzó de nuevo a masturbarse insistentemente e incluso robó un maniquí de una tienda, que hacía las veces de compañero sexual. También empezó a frecuentar las saunas de Milwaukee, lugar donde se daban cita algunos homosexuales con el fin de tener relaciones anónimas e impersonales, pero le resultaba difícil conseguir la erección mientras sus parejas estaban despiertas, por lo que optó por drogarlos con somníferos antes de mantener una relación sexual. Después de esto, ninguno de sus amantes cuando volvían en sí, querían volver a saber nada de él, por lo que creyó más oportuno buscar un cadáver para satisfacer sus instintos sexuales.

Una noche tras asistir al funeral de un joven de dieciocho años, fue a desenterrarlo al cementerio, pero no lo consiguió porque el suelo estaba congelado debido a las bajas temperaturas. En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo indecente, hecho que lo llevó a su primer análisis psicológico, siendo diagnosticada una personalidad peligrosa.

Un año después mataba por segunda vez. En esta ocasión se trataba de un joven negro al que ofreció una bebida dopada. Dahmer se despertó al día siguiente encima del cuerpo ensangrentado, pero afirma no recordar nada de lo que pasó aquella noche. Lo que sí recuerda es cómo tras levantarse, mete el cadáver en el armario y sale a comprar una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su abuela. Allí cuenta que lo guardó en el sótano y lo desmembró, envolviendo la cabeza en una manta y guardándola en una estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.

Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que se le presenta la ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero, el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía una bebida con somnífero y, finalmente, los estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar las cabezas y formar una especie de altar en la habitación adornando con los huesos.

Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente asustado por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una máquina de matar más efectiva. Está demostrado que estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados por ningún mortal, creyendo tener máximo poder y autoridad sobre los demás.

Dahmer mostraba muchas características de asesino organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba para llevárselos a su departamento con la promesa de dinero y favores y, después de la muerte ocultaba las pruebas de los crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal desorganizado: realizaba actos sexuales con sus víctimas después de la muerte, consumía su carne y sangre, las mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos.

En una ocasión una de sus víctimas logró marcharse antes de que las drogas surtiesen su efecto, y la policía efectuó un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado nada.

El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena de un año de cárcel, mató a otro joven, guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con aerosol.

En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado piso; adquirió una larga mesa y dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí tomaba fotos con una cámara Polaroid de sus amantes una vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de la carne y hervía el resto en una enorme olla antes de echarlos en un gran contenedor de basura preparado con ácido.

El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Desde el principio quedó claro que le impulsaba un trastorno mental, a pesar de que él hacía todo lo posible por disimularlo.

Dahmer se mostró tan sincero y cooperador como muchos otros asesinos en serie, sin embargo, ni él mismo podía entender cómo había sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Todos los presentes pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus compulsiones y fantasías se habían apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato tras asesinato.

Después del veredicto habló por primera vez al tribunal, dijo: "Señor juez, todo ha terminado, me siento muy mal por lo que hice a esas pobres familias y comprendo su merecido odio. Asumo toda la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, pero les quiero mucho".

El carnicero de Milwaukee fue sentenciado a un mínimo de 900 años, pero murió en la cárcel en 1994 asesinado a golpes por un recluso. Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la posesión de su cerebro, llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre deseaba venderlo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria.

También los parientes de sus víctimas, representados por un abogado, consiguieron hacer negocio con los utensilios utilizados por el asesino para trocear y desangrar. Su refrigerador se subastó públicamente, al igual que todo tipo de cuchillos, sierras, picadoras y taladros.

Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compró el lote completo con intención de montar un "museo de los horrores" para la atracción de los turistas, pero al final no se atrevieron a llevar a cabo el proyecto y destruyeron el macabro legado del caníbal.

lunes, 7 de abril de 2014

El exorcismo de Anneliese Michel, la verdadera Emily Rose.

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El exorcismo de Emily Rose, ¿Posesión demoniaca o negligencia médica?

El caso de Emily Rose ha sido uno de los casos más famosos de exorcismos de la historia, tanto es así que se llevo al cine con la película “El exorcismo de Emily Rose” y causó gran expectación en la época, aquí les dejamos con la historia y con un video donde se pueden oir voces recogidas en medio del exorcismo. Son realmente sobrecogedoras.
Emily Rose es en realidad una joven alemana llamada Anneliese Michel. Desde su nacimiento el 21 de septiembre de 1952, Anneliese Michel disfrutó de una vida normal, educada religiosamente desde que era muy pequeña. Sin advertencia su vida cambió un día de 1968 cuando empezó a temblar y se dio cuenta de que no tenía control sobre su propio cuerpo. No pudo llamar a sus padres, Josef y Anna, ni a ninguna de sus tres hermanas. Un neurólogo de la Clínica Psiquiátrica de Wurzburg, Alemania, la diagnosticó con el “gran mal” de la epilepsia. Debido a los fuertes ataques epilépticos y a la depresión que sigue, Anneliese fue admitida para tratamiento en el hospital.
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Poco después de comenzar los ataques, Anneliese empezó a ver imágenes diabólicas durante sus rezos diarios. Era el otoño de 1970, y mientras los jóvenes disfrutaban de las libertades de la época, Anneliese estaba atormentada con la idea de que estaba poseída, parecía no haber otra explicación a las imágenes diabólicas que se aparecían mientras rezaba. Voces empezaron a perseguir a Anneliese diciéndole que iba a “achicharrarse en el infierno”. Ella le mencionó los “demonios” a los médicos solo una vez, explicándoles que habían comenzado a darle ordenes. Los doctores parecían incapaces de ayudarla, y Anneliese perdió las esperanzas en que la medicina podría curarla.
En el verano de 1973 sus padres visitaron a diferentes pastores solicitando un exorcismo. Sus requerimientos fueron rechazados y les recomendaron que Anneliese, de ahora 20 años, debía seguir con su tratamiento medico. Les fue explicado que el proceso por el cual la iglesia prueba una posesión (Infestatio) es muy estricto, y hasta que todos los aspectos no estén cubiertos, el obispo no puede aprobar un exorcismo. Los requerimientos, para nombrar algunos, incluyen aversión por los objetos religiosos, hablar en idiomas que la persona nunca ha aprendido y poderes sobrenaturales.
En 1974, después de haber supervisado a Anneliese por algún tiempo, el pastor Ernst Alt solicito permiso para realizar un exorcismo al Obispo de Wurzburg. La solicitud fue rechazada y seguida de una recomendación de que Anneliese debía recibir un estilo de vida más religioso con el propósito de que encuentre la paz. Los ataques no disminuyeron y su conducta se volvió mucho más errática. En casa de sus padres en Klingenberg, insultaba, golpeaba y mordía a los otros miembros de su familia. Se rehusaba a comer porque los demonios se lo prohibían. Anneliese dormía en el suelo de piedra, comía arañas, moscas y carbón, y había comenzado a beber su propia orina. Se le podía escuchar por toda la casa gritar por horas mientras rompía crucifijos, destruya pinturas de Jesús y botaba los rosarios. Para ese momento Anneliese comenzó a cometer actos de auto mutilación y el hecho de arrancarse la ropa y orinarse en el suelo era algo común.
Luego de hacer una exacta verificación de su posesión en septiembre de 1975, el Obispo de Wurzburg, Josef Stangl, le ordenó al Padre Arnold Renz y al Pastor Ernst Alt a practicar un “gran exorcismo” a Anneliese. La base para este ritual era el “Rituale Romanum” él cual era, para ese momento, todavía un canon legal válido desde el Siglo XVII. Se determinó que Anneliese debía ser salvada de varios demonios, incluyendo a Lucifer, Judas Iscariote, Nerón, Caín, Hitler y Fleischmann, un cura del Siglo XVI, y algunas otras almas atormentadas que se manifestaban a través de ella. Entre septiembre de 1975 hasta julio de 1976 se le practicaron una o dos sesiones de exorcismo por semana, los ataques de Anneliese eran tan fuertes a veces que debía ser sostenida por tres hombres e incluso hubo que encadenarla. Durante este tiempo, Anneliese regreso a una vida, hasta cierto punto, normal, tomó los exámenes finales de la Academia Pedagógica de Wurzburg e iba a la iglesia.
Los ataques, sin embargo, no pararon. De hecho, se le paralizaba el cuerpo y caía inconciente poco después. El exorcismo continuó por muchos meses más, siempre con las mismas oraciones y conjuros. Algunas veces estaban presentes en los rituales miembros de la familia y visitantes, como por ejemplo un matrimonio que alegaba haber “descubierto” a Anneliese. Por varias semanas Anneliese se rehusó a comer y sus rodillas se rompieron por las 600 flexiones que hacía obsesivamente durante cada sesión. Se hicieron más de 40 grabaciones durante el proceso con el propósito de preservar los detalles.
El último DIA del Rito del exorcismo fue el 30 de junio de 1976, y para este punto Anneliese sufría de neumonía, también estaba completamente delgada y tenía una fiebre muy alta. Exhausta y físicamente incapacitada para hacer las flexiones por su cuenta, sus padres la paraban y la ayudaban con los movimientos. Lo último que le dijo Anneliese a sus exorcistas fue; “rueguen por el perdón” y a su madre le dijo; “mamá tengo miedo”. Anna Michel grabó la muerte de su hija al DIA siguiente, el primero de julio de 1976 al mediodía. El Pastor Ernst Alt informó a las autoridades en Aschaffenburg y el Fiscal general comenzó una investigación inmediatamente.
Poco tiempo después que se conocieron estos fatales eventos la película “The Exorcist” de William Friedkin se estrenó en los cines de Alemania, llevando una ola de histeria paranormal que infectó todo el país. Psiquiatras en toda Europa reportaron un incremento de ideas obsesivas en sus pacientes. A los fiscales les tomó más de dos años para acusar a los exorcistas de homicidio por negligencia. El “Caso Klingenberg” debía ser decidido sobre dos preguntas: Qué causó la muerte de Anneliese Michel y quién era el responsable?
De acuerdo a la evidencia forense Anneliese murió de hambre, los especialistas demandaron que si los acusados que si la hubieran forzado a comer una semana antes de su muerte, Anneliese se podría haber salvado. Una hermana declaró que Anneliese no quería ir a una institución mental porque la podrían sedar y obligarla a comer. Los exorcistas trataron de probar la presencia de demonios poniendo las grabaciones de los extraños diálogos, como uno en que dos demonios discutían cuál de ellos iba a dejar el cuerpo de Anneliese primero. Uno de los demonios se llamó a si mismo Hitler y hablaba con acento extranjero (Hitler nació en Austria) ninguno de los presentes durante el exorcismo tuvo la más pequeña duda de la autentica presencia de estos demonios.
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Los psiquiatras, a quienes se les había ordenado testificar, hablaron de la “Doctriniarire Induction”, ellos decían que los sacerdotes le habían dado a Anneliese el contenido de sus conductas psicoticas. Por lo tanto, según ellos, ella luego aceptó su conducta como una forma de posesión demoníaca, también declararon que el desarrollo sexual inestable de Anneliese junto a su diagnosticada epilepsia habían influenciado la psicosis.
El veredicto fue considerado por muchos menos riguroso de lo que se esperaba, los padres de Anneliese al igual que los exorcistas fueron encontrados culpables de asesinato por negligencia y omitir dar primeros auxilios. Fueron sentenciados a 6 meses de cárcel y libertad condicional. El veredicto incluía la opinión de la corte de que los acusados debieron ayudarla haciéndose cargo del tratamiento médico que la chica necesitaba, sin embargo, por usar practicas supersticiosas habían empeorado la ya grave condición de Anneliese.
Una comisión de la Conferencia Episcopal Alemana después declaro que Anneliese Michel realmente no estaba poseída, sin embargo, esto no impidió a los creyentes a continuar con la lucha de Anneliese, ya que muchos creían en su posesión que el cuerpo de Anneliese no encontró paz incluso después de la muerte. Su cadáver fue exhumado once años y medio luego de ser enterrada, solo para confirmar si se había descompuesto y si había sido bajo las condiciones normales. En la actualidad su tumba permanece como un lugar de peregrinaje para rezar el Rosario por aquellos que creen que Anneliese Michel luchó valientemente contra el demonio.

Video con imagenes y audio originales del exorcismo

esto se a perdido y no lo podremos recuperar

¿Posesión demoniaca o una medicación totalmente equivocada?

Cronología

Anneliese Michel quería ser maestra. El magisterio reunía muchos de sus sueños en uno: aprender, conocer el mundo, ayudar a los demás por medio de la enseñanza. Y sobre todo estar rodeada de gente, de sus alumnos y de sus compañeros. Gente con la que reir sin taparse la boca avergonzada. Personas que no tuvieran sus pensamientos encorsetados, medidos por si El Señor los encontraba ofensivo. Alguien que no la sometiera a la duda, a la mancha de la infidelidad de su madre. Su madre, que como su padre pensaba que quería abandonarles. “No puedes irte y disfrutar de lo que no hemos tenido”, parecían decirle. Anneliese no quería dejarles, ni a sus hermanas, ni tampoco a Dios, pero ninguno de ellos les daba pruebas de amor. Puede que, después de todo, la mancha fuera real. Que lo que sentía como frustración y angustia, anidando en su interior, fuera algo merecido. Pero Anneliese no entendía por qué debía padecer.


Mediados de 1968.

Anneliese tiene 16 años y algo le ocurre a su cuerpo. Comienza a sufrir terribles sacudidas y adopta posturas imposibles, sin que pueda controlarlo. Josef y Anna, sus padres, la llevan a la Clínica Psiquiátrica Wurzburg. Las pruebas son concluyentes: Anneliese tiene epilepsia. Comienza un ingreso y tratamiento de larga duración que no hace nada por mejorar su estado. De hecho Anneliese empeora: se sume en una profunda depresión y los medicamentos, entre ellos varios psicotrópicos, no contribuyen a su cura. Anneliese empieza a tener visiones diabólicas durante sus continuos rezos

1970.

El Mundo sufre cambios y convulsiones, pero los de Anneliese son mucho más traumáticos. Anneliese empieza a afirmar que está poseída. Las visiones no remiten, sino que empeoran. Tras su tercera crisis e ingreso se le receta su primer anticonvulsionante. Esta medicación no afecta a sus ataques, pero sí impone un efecto secundario: el cerebro pierde sodio, lo que promueve la abstinencia alimenticia. Tres años de padecimiento y ninguna mejoran convencen a Anneliese de que las medicinas convencionales no le hacen efecto alguno. La joven ha explicado a los doctores que varios demonios la obligan a convulsionarse y a realizar actos horrendos. Anneliese quiere ayuda espiritual, y es ella misma quien pide un exorcismo. El ritual se le es negado, y en su lugar le recetan Periciacina, que eleva el umbral de convulsiones en el sistema nervioso.

Durante el verano de 1973

Anna y Josef visitan a varios pastores en busca de ayuda. Además de negativas y el consejo de que confíen su hija a los doctores, los padres Anneliese son informados de los requisitos que la Iglesia pide para realizar un exorcismo. Para que el obispo reconozca una Infestatio la persona debe tener aversión a objetos religiosos, demostrar Sansonismo o fuerza desmesurada y padecer xenoglosia , la capacidad de hablar en idiomas que desconoce. Es importante señalar que Anneliese es informada de estos puntos, los síntomas que le faltan para que pueda ser exorcizada.

En Noviembre de 1973

Anneliese comienza a tomar Tegretol. De acuerdo con las normas básicas de la Psiquiatría actual, la Carbamacepina no puede ser recetada nunca a mujeres en edad de concebir, debido a sus graves efectos sobre los glóbulos rojos. Anneliese tomó esta medicación a diario hasta los días previos a su muerte, en que era incapaz de tragar nada. El Tegretol también baja el nivel de consciencia ante estímulos externos, además de fiebre elevada e hipoxemia, la carencia de oxígeno en la sangre

En 1974,

después de supervisar a Anneliese por algún tiempo, el pastor Ernst Alt solicita permiso al obispo de Wurzburg para realizar un exorcismo. La petición fue denegada y pronto le siguió la recomendación de que Anneliese debería vivir un estilo de vida religioso en regla para encontrar paz. Los ataques de Anneliese no remiten, empeoran. La conducta de Anneliese se torna errática y peligrosa: en su hogar de Klingenberg, Anneliese insulta de forma muy cruel (desvelando sus secretos y atacando en sus puntos débiles) a toda su familia, además de golpearles y morderles. Se negaba a ingerir cualquier alimento, ya que afirmaba que demonios no se lo permitían. Anneliese dormía en el suelo de piedra, comía arañas, moscas, carbón y bebía su orina. Anneliese gritaba por toda la casa durante horas, hasta escupir sangre. También rompía crucifijos, destruía cuadros de Jesucristo y lanzaba los rosarios contra las paredes. Anneliese comenzó entonces automutilarse, golpeandose contra las paredes y los muebles. Rasgarse la ropa y orinar en el suelo ya era algo habitual.
Tras una verificación exacta de la posesión, que ahora incluía todos los requisitos previstos, en septiembre de 1975 el obispo de Wurzburg, Josef Stang,l asignó al padre Arnold Renz y al pastor Ernst Alt la orden de llevar a cabo el exorcismo sobre Anneliese Michel. La base para este ritual está en el Rituale Romanum, el cual continúa siendo, en este momento, un Derecho Canónico válido desde el siglo XVII. Se les planteaba una tarea terrible, ya que Anneliese no decía estar poseída por un demonio. Según sus palabras en su ser anidaban Lucifer, Judas Iscariote, Nerón, Caín, Hitler, y Fleischmann, un deshonrado sacerdote franco del siglo XVI, junto a algunas otras almas malditas. Desde septiembre del 75 hasta julio del 76 se realizaron una o dos sesiones de exorcismo cada semana. Algunos ataques de la joven fueron de tal violencia que no podía ser reducida ni por tres hombres, ni incluso encadenada. Anneliese era capaz de saltar casi un metro de rodilla, y envió a su padre y al sacerdote al otro extremo de la habitación de un solo golpe. Durante este tiempo, Anneliese abrazaba un poco de normalidad al cuando pudo regresar a la escuela y realizar los exámenes finales en la Academia de Pedagogía de Warzburg.
Los ataques empeoraban. Anneliese perdía el conocimiento y se quedaba rígida con mayor frecuencia. El ritual se alargó durante meses, con la presencia de familiares y testigos. Anneliese se negaba a comer durante todo ese periodo. Sus rodillas se rompieron durante las 6oo genuflexiones que realizaba en las sesiones diarias de exorcismo. Varias fotos reflejan su deterioro: la nariz rota por golpear su rostro contra la pared, dientes rotos, calvas en el pelo, docenas de heridas y cortes abiertos, ojos inflamados, necrosis, malnutrición… Sin mencionar las lesiones internas. Alrededor de 40 cintas de audio se grabaron durante el proceso. Anneliese contó que tuvo varias visiones, y dio una fecha como Día de la Liberación: el 1 de Julio.

30 de junio de 1976.

Anneliese padece neumonía. Está demacrada, con fiebre muy alta. Exhausta e incapaz de realizar por si misma las genuflexiones, sus padres la sujetan para que se agache. Anneliese pide absolución a los sacerdotes. Anna graba todo y oye a su hija decirle “Mamá, estoy muy asustada”. Anneliese dijo que a medianoche los demonios la abandonarían, y es en ese momento cuando, con el rostro sereno, se sume en un profundo sueño. Anneliese Michel fallece el 1 de Julio. Al mediodía el pastor Ernst Alt informó a las autoridades de Aschaffenburg. El fiscal comenzó a investigar de inmediato.
Los padres de la chica y los dos exorcistas fueron acusados de homicidio por negligencia. En el juicio que comenzó el 30 de Marzo de 1978, El Caso Klingenberg se decidió en base a dos preguntas: ¿qué causó la muerte de Anneliese y quien fue el responsable? De acuerdo a las pruebas forenses Anneliese murió por malnutrición. Especialistas afirmaron que si los acusados hubieran alimentado a la joven a la fuerza una semana antes de su muerte, la vida de Anneliese hubiera podido salvarse. Una hermana de la chica declaro en el juicio que su hermana no quería que la ingresaran en un hospital mental, donde sería sedada y obligada a comer.
Los exorcistas intentaron probar la presencia de los demonios, poniendo las cintas grabadas en las que se oían extraños dialogos, como el de dos demonios que discutían sobre cual de los dos debería abandonar primero el cuerpo de la chica. Uno de ellos se llamó a si mismo Hitler, y hablaba con acento franco. Hitler nació en Austria. Asimismo las grabaciones muestran dos voces distintas pero simultáneas, emitidas a la vez por Anneliese, sin olvidar su dominio de idiomas que, en teoría, desconocía. Con todo, era información accesible para cualquiera que quisiera fingir, pese a ser una imitación perfecta. Esto enlaza con la teoría de la Inducción Doctrinaria presentada por los psiquiatras. Según ellos los curas proporcionaron a la chica los contenidos de su conducta psicótica, y a insinuación produjo que Anneliese aceptase que su conducta era una forma de posesión demoníaca. Los licenciados añadieron que el desarrollo sexual inestable de la joven junto con su diagnóstico de trastorno en el lóbulo frontal agravó su psicosis. Los padres y exorcistas fueron declarados culpables de homicidio por negligencia y negación de auxilio. La condena fue de 6 meses de prisión con libertad condicional.
Una comisión de la Conferencia Alemana concluyó después que Anneliese Michel no estaba poseída. Pero los creyentes no dejaron de apoyarla en sus luchas, y fue porque muchos creían que el cuerpo de la chica no encontraría la paz ni con la muerte. Una monja carmelita de Bavaria dijo a Josef y Anna que había tenido una visión del cuerpo de Anneliese, que permanecía incorrupto. Once años y medio después de su entierro, el cuerpo de Anneliese fue exhumado y sometido a otra autopsia. Pese a los rumores contrarios y a la existencia de fotos de la segunda autopsia, nunca reveladas, el cadáver mostraba los signos normales de corrupción. Hay una foto del féretro en la que algunos ven una garra abrazando el ataúd. Hoy, su tumba sigue siendo lugar de peregrinaje para aquellos que piensan que Anneliese fue una valiente luchadora contra fuerzas demoníacas. También hay otra foto de una supuesta aparición de la virgen en los cielos sobre el cementerio donde descansa Anneliese.


Trailer de El exorcismo de Emily Rose





Fuentes:

http://www.fotofech.com

http://www.zumacaya.com


http://www.abandonamoviez.com


http://siemprejamas.tripod.com/Anneliese.htm

viernes, 4 de abril de 2014

exorcista



El Exorcista”, la famosa cinta de terror que el director William Friedkin filmó en 1973 y que relata la posesión demoníaca de una niña de 12 años, es catalogada sin dudas como la película más aterradora de la historia. Sin embargo, lo que pocos saben es que la historia, tomada del libro del mismo nombre del escritor William Peter Blatty, está basada en un caso real de posesión satánica que afectó a un adolescente de 14 años en las localidades norteamericanas de Maryland y Missouri, en 1949.


El adolescente, a quien la Iglesia Católica le dio posteriormente el seudónimo de Roland Doe para proteger su verdadera identidad, era hijo único de una familia de origen alemán y de creencias lutero-cristianas. Los extraños fenómenos comenzaron en propiedad en enero de 1949 en la misma casa de Roland, cuando en el dormitorio de su abuela un cuadro en el que se representaba a Jesús apareció torcido y se movía como si alguien golpeara la pared tras él. Cuando el cuadro fue enderezado, se siguió escuchando el chirrido de unos arañazos tras la pared, “como si una garra rascara la madera”. Los arañazos continuaron oyéndose durante 11 días y se detuvieron casualmente el día en que murió Harriet, una tía espiritista de Roland que le había enseñado a manejar el tablero Ouija. Cuando la mujer falleció, el adolescente habría intentado contactarla a través de la famosa y esotérica tabla. A partir de ese momento se agudizarían los problemas.





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En la casa de Roland, quien había comenzado a volverse hosco y reservado y durante las noches tenía pesadillas en las que parecía hablar con alguien, se reanudaron los arañazos en las paredes, los muebles comenzaron a moverse solos y muchos objetos comenzaron a levitar. El caso llegó a oídos de un reverendo local quien, estupefacto, no sólo presenció estos fenómenos, sino que también vio como la cama del muchacho se sacudía sola y en su pecho aparecían varios arañazos en forma de letra, como “si alguien los hubiera trazado desde dentro con un cuchillo”.


El religioso, sospechando que un poder maligno había invadido el cuerpo de Roland, se puso en contacto con un especialista, el sacerdote católico Albert Hughes, quien lo primero que hizo fue visitar al chico. Llevaba consigo una botella de agua bendita y unos cirios para iluminar su habitación. Pero, a poco de entrar, la botella con agua bendita explotó y las velas, al ser prendidas, lanzaron grandes llamaradas. Cuando se acercó a Roland, que se encontraba acostado y como en estado de trance, éste le habló con una voz irreconocible y cavernosa que dijo en latín: “Oh, sacerdote de Cristo, sabes que soy un demonio. ¿Por qué me molestas?”.


Hughes de inmediato hizo dos cosas. Pidió autorización al Arzobispado de Washington para practicar un exorcismo e internó a a Roland en una custodiada pieza del Georgetown Hospital, una institución dirigida por jesuitas y atendida por monjas. Roland fue atado con correas a una cama y permaneció tumbado con los ojos cerrados, aparentemente tranquilo. Pero, al entrar Hughes en la habitación, vestido con un birrete negro, una estola púrpura al cuello y con un aspersor de agua bendita en una de sus manos, Roland despertó violentamente y con la misma voz tétrica de antes le ordenó quitarse la cruz que llevaba oculta. Asimismo habría comenzado a proferir juramentos en lengua semítica y aramea mientras en su pecho comenzaban a aparecer nuevos arañazos en forma de palabras.


El padre Hughes se arrodilló junto a la cama de Roland y comenzó a recitar las oraciones previas para preparar el exorcismo. Pero, después que dijera la frase “Mas líbranos del mal”, Roland logró desasir una de sus manos y arrancó una pieza metálica del somier. Con la misma pieza Roland hizo una gran rajadura en el brazo izquierdo del sacerdote, desde el hombro hasta la muñeca, herida que debió ser curada posteriormente con más de 100 puntos. El exorcismo fue suspendido de inmediato.


Los padres jesuitas entran en acción


La familia de Roland decidió trasladarlo a una casa de unos parientes ubicada en Saint Louis, Missouri. Allí fue visitado por dos personas: el sacerdote y profesor de Teología Raymond Bishop y el sacerdote William S. Bowdern, un hombre catalogado de santo por las personas que lo conocían. Según las instrucciones del Arzobispado de Washington, sería el padre Bowdern el encargado de hacer el exorcismo, el que debería ser realizado en secreto aunque anotando en un diario todos los detalles.


El 10 de marzo de 1949 Bishop y Bowdern hablaron con Roland y rezaron el rosario con él. El adolescente parecía tranquilo, pero en cuanto le dejaron solo en su habitación volvió a gritar pidiendo ayuda. Tenía dos arañazos en forma de cruz en sus antebrazos, un gran librero de 25 kilos se había movido solo colocándose ante la puerta de su dormitorio y su cama comenzó a sacudirse frenéticamente.


La noche del 16 de marzo el padre Bowdern comenzó el exorcismo. Tras rociar con agua bendita la cama, que no dejaba de moverse, comenzó a leer las oraciones del ritual. Cuando dijo: “Yo te ordeno, espíritu impuro, seas quien seas, junto con todos tus asociados que han tomado posesión de este siervo de Dios, que, por los misterios de la Encarnación, Pasión, Resurrección y Ascensión de nuestro Señor me digas mediante alguna señal tu nombre, el día y la hora de tu partida…”, arañazos cruzaron la garganta, los muslos, el estómago, la espalda y el rostro de Roland. En su pecho apareció la palabra “hell” (infierno) y en su zona púbica se dibujó la letra X y la palabra “go” (ir). Durante la siguiente sesión el sacerdote le preguntó al demonio su nombre, y al instante se dibujó con arañazos sobre el pecho de Roland la palabra “spite” (rencor o malevolencia).


A medida que el exorcismo avanzaba, el estado de Roland crecía en violencia y espanto. Hablaba y gritaba con una voz ronca, reía con una carcajada diabólica, insultaba a los sacerdotes y maldecía al oír las plegarias o el nombre de Jesús. Y en los pocos momentos de calma proyectaba un aura siniestra que los exorcistas llaman “el roce de satanás”.


El día 18 de abril, luego que el joven fuera ingresado en el hospital de los Hermanos de los Pobres de Saint Louis, se libró la última batalla contra el maligno. Los religiosos pusieron en la habitación una estatua del arcángel San Miguel venciendo al dragón antes de que el padre Bowdern pronunciara las últimas letanías del exorcismo. A los pocos minutos, de la propia boca de Roland, salió una voz nueva, límpida y profunda: “Satanás, Satanás, soy San Miguel y te ordeno a ti y a los otros espíritus malignos que abandonéis el cuerpo en nombre de Dominus, inmediatamente, ¡ahora, ahora, ahora!”. Entonces, durante varios minutos, Roland se debatió violentamente entre espantosas contorsiones. Luego, tras detenerse abruptamente, éste dijo con toda calma a todos los presentes: “Se ha ido”. A la mañana siguiente comulgó en la capilla del hospital y por la tarde durmió una larga siesta. Y cuando despertó parecía no recordar nada de su penosa experiencia. “¿Dónde estoy? ¿Qué ha ocurrido?”, les preguntó a los sacerdotes.


Cuando Roland se marchó del hospital, su habitación fue clausurada con llave. En un cajón con llave del velador permaneció el diario escrito por el padre Bishop, el cual sólo fue dado a conocer en 1978 (nueve sacerdotes y 39 testigos firmaron un documento en el que afirmaron que el caso de Roland Doe fue un caso de posesión demoníaca auténtica).


Con respecto a Roland Doe, se asegura que después de la pesadilla por la que pasó tuvo una vida absolutamente normal. Se casó, fue padre de dos hijos, ejerció un empleo gubernamental y se radicó en los alrededores de Maryland. Y siempre se negó de plano a relatar o lucrar con su increíble historia.


En agosto de 1949, William Peter Blatty, un joven estudiante de literatura de la Universidad jesuita de Georgetown, leyó en el diario The Washington Post la siguiente noticia: “Un sacerdote libra a un joven de las garras del demonio”. 20 años después, tras investigar meticulosamente los hechos y cambiar a petición del padre Bowdern la verdadera identidad del protagonista por la de una niña, escribió una novela que tituló “El Exorcista” y que vendió 13 millones de copias. Dos años después, el libro sirvió de base para el guión de la película más aterradora de toda la historia, la primera en su género en ser nominada al premio Oscar y que también traería su propia carga de maldiciones. Pero esa es otra historia.


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