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viernes, 2 de octubre de 2015

El burdel de las parafilias Capítulo 4: Estigmatofilia y algo más



El burdel de las parafilias
Capítulo 4: Estigmatofilia y algo más






En su trabajo Liss estaba acostumbrada a observar a toda clase de esperpentos, depravados, ex convictos y mujeres tan horribles que resultaría difícil que consiguieran sexo gratuito, por lo que le pareció curioso tener a un espécimen como su interlocutor en el burdel, se trataba de un muchacho alto de veinte años con facciones delicadas y una piel tan perfecta y blanquecina como la porcelana, tenía el cabello oscuro y rizado, además de portar gafas oscuras; de inmediato ella pensó en un Jim Morrison muy joven, lo único que disminuía ligeramente su atractivo era su pronunciada delgadez.
-Bien Mattew, ¿por qué viniste al burdel? – preguntó ella con verdadero interés.

-He escuchado que son en extremo complacientes y que no conocen límites por
satisfacer a sus clientes. – pronunció él con voz grave.
-Es verdad – respondió ella invitándolo a continuar.





-Estoy interesado en una joven que asiste a mi universidad, tiene varios tatuajes y perforaciones, verás, soy estigmatofílico.

-De acuerdo…aunque con tu físico no entiendo porque necesites de nuestra ayuda, somos un burdel no cupido.

-Mi interés por ella dista mucho de ser romántico y la estigmatofilia no es mi única parafilia, digamos que la otra no entra en los límites legales, así que…

-Entiendo, necesito el nombre de la chica y una fotografía, o en su defecto su cuenta de Facebook. ¿Tienes alguna otra petición?

-Quiero tener disponible una cocina bien equipada y un comedor con una mesa bastante grande, además de unos diez metros de cuerda, eso sería todo. – dicho esto le proporcionó los datos de la universitaria y Alyssa le indicó que su habitación estaría lista pronto invitándolo a esperar en la orgía o en el espectáculo del día; Matt era demasiado egocéntrico como para estar en un sitio donde él no fuera el centro de atención así que optó por la primera opción.



El larguirucho joven caminó a un costado de aquel grupo de cuerpos que se agitaban y exclamaban de placer, se sentó en un sillón cercano a observarlos sabiendo que no era necesario acercarse a ellos. De inmediato las féminas fijaron su atención en él distrayéndolas de sus lúbricos movimientos; una chica morena de cabello corto ondulado y amplias caderas se abalanzó sobre él desnudándolo y él lo permitió gustoso, otra joven con un cuerpo aniñado y facciones de muñeca japonesa que incluían unos enormes ojos grises se acercó a él besándolo y jugueteando con su rizada cabellera.



La primera chica terminó de despojarlo de su vestimenta dejando al descubierto su bien dotado miembro, al verlo la muñeca viviente se acercó a lamerlo con lascivia y su compañera hizo lo mismo, a Matt le fascinó la escena, el par de mujeres recorriendo su virilidad con sus lenguas que se cruzaban a ratos.
Harta de la situación, la morena empujó con facilidad el pequeño cuerpo de la chica de los ojos grises, se colocó sobre el atractivo joven sin evitar exclamar ligeramente de dolor cuando aquel enorme miembro la penetró por completo; la enclenque mujer ya se había levantado del piso y se disponía a atacar cuando una maid interrumpió la situación.



-Disculpe, su habitación ya está lista.

-Claro, ¿podrían estas chicas acompañarme?

-Si ellas gustan, no hay ningún problema.



Ambas chicas aceptaron gustosamente seguir a su galante amante y le proporcionaron sus seudónimos, la caderona chica morena era conocida como Velvet y Marion era la pequeña muñeca de los hermosos ojos grises. Él caminó con cada brazo en la desnuda cintura de sus guías y ellas lo condujeron hasta su habitación, la 307 y soltó por un momento a sus bellas acompañantes para abrir aquella sencilla puerta de madera blanca.



Al hacerlo se encontró con el objeto de sus más oscuros y perversos pensamientos: Clare, conocida como “la fantasma” por su lechosa piel. Estaba ataviada como acostumbraba una ligera camiseta negra que dejaba poco a la imaginación, una cinturilla de látex, una falda corta y botas de charol con tacones de aguja gigantescos; su tersa piel mostraba tatuajes en los brazos y la espalda, y en su bello rostro estaban perforados su nariz, su labio inferior y su lengua.
Clare caminó felinamente hacia él, con tan sólo mirarla con aquella vestimenta en su voluptuoso cuerpo tatuado, él tuvo una fuerte reacción, la había deseado tanto tiempo y ahora la tenía por fin frente a él, pero, ¿accedería realmente a sus proposiciones? Y lo que era más importante ¿podría llevar a cabo su mayor fantasía?

Dio un rápido vistazo al lugar, era justamente lo que había solicitado, una amplia cocina y un comedor como el que tendría cualquier casa, además de varios metros de cuerda debajo de la mesa. La conversación con Clare fue en extremo fugaz pero deliciosa, en la universidad ella siempre lo miraba con desdén y él jamás se había atrevido a hablar con ella hasta ese momento; él le propuso compartir a aquellas chicas y ella aceptó sin meditarlo. Matt llegó a la conclusión de que debieron pagarle, costó que seguramente incluirían en su cuenta a pesar de haberle dicho que el pago no sería monetario.





Procedió a cortar un tramo largo de cuerda con un machete que encontró en la cocina y lo colgó al techo, le ató los brazos a Velvet mientras Clare extraía de su bolsa de mano una correa que le colocó a Marion y la fustigaba diciéndole que era su mascota y que sólo debía moverse a gatas; el chico procedió a atar las piernas de Velvet igualmente al techo dejándola pendiendo frente a la mesa. La fantasma hizo que su esclava subiera a la mesa y comenzara a lamer la vagina expuesta de su compañera mientras le asestaba fuertes golpes con su fuete para que aumentara la velocidad.



El falso rey lagarto entusiasmado por la escena procedió a utilizar la cavidad libre de la colgante chica morena que aulló de dolor al sentir como desvirginaban aquella zona suya con tan gigantesca erección aunque el sufrimiento pronto se tergiversó en un inmenso placer; para Mattew aquella sensación aquella sensación era apenas comparable con la excitación que le producía ver como Clare fustigaba a Marion con crueldad.



Tomó el machete con el cual había cortado la cuerda y lo dejó caer con fuerza sobre el muslo izquierdo de Velvet, la sangre salpicó a la muñeca viviente sin que ella lo notara y Velvet comenzó a gritar de dolor, tras cuatro certeros machetazos más la pierna se desprendió, procedió a realizar el mismo procedimiento con la otra pierna mientras su víctima aullaba de dolor y se retorcía intentando evitar su mutilación; cuando hubo terminado, la sádica fantasma le ordenó a su mascota que lamiera aquellos muñones, Marion se negó con asco pero luego de las terribles agresiones de Clare ya los estaba lamiendo fervorosamente.



Entusiasmado por la escena el joven procedió también a amputarle los brazos, Velvet suplicaba que la matara en lugar de dejarla vivir de aquella forma, pero él no le prestó atención, estaba demasiado fascinado con lo sencillo y placentero que resultaba manipular aquel cuerpo cercenado sobre su miembro. No obstante el patético rostro ensangrentado de Marion lo distraía demasiado.



-Clare, ¿acaso te parece correcto que la mascota esté sobre la mesa?
La voluptuosa mujer jaló la correa de la chica y su flacucho cuerpo cayó enseguida, se colocó sobre ella sosteniendo un cuchillo que había extraído de su bolsa, acercó su rostro al de la chica que destilaba terror y le lamió un ojo tras lo que le asestó una puñalada en él, retorció el cuchillo destrozando su globo ocular dejando una cuenca sanguinolenta; enloquecido por esta visión, Matt arrojó el cuerpo de Velvet y se dirigió hacia ella, la obligó a ponerse de rodillas y penetró aquella cavidad con un poco de dificultad debido al reducido espacio de ésta, sin embargo al lograrlo sintió la experiencia más placentera de su vida, aquel sitio era tan estrecho, tan tibio ¡y la sangre que manaba de él! Simplemente le pareció una delicia aumentada por la visión del bello rostro de muñeca que suplicaba por piedad mientras Clare seguía golpeándola cada vez más fuerte, aquel atractivo joven no puedo soportarlo más y descargó sus fluidos dentro de esa cuenca.



Y aún tenía frente a él a Clare, su plato fuerte, la razón que lo había conducido a aquel lugar y la musa que lo había inspirado a llevar a cabo esos barbáricos actos. Pensó por un mínimo instante en preguntarle como es que la habían convencido pero decidió que no había tiempo de nimiedades como esa, tendría que quedarse con la duda.



La hizo sentarse sobre la mesa, lamió su lechoso cuello y mordisqueó sus amplios hombros mientras recorría su basto cuerpo con las manos, desató con destreza su cinturilla y la despojó de su camiseta dejando expuestos sus grandes pechos de rosáceos pezones perforados, lamió uno de ellos jugueteando con aquellas puntas metálicas en ello. La recostó sobre la mesa desatando velozmente sus botas y le retiró la minúscula falda encontrando un gran tatuaje en su muslo derecho, la ropa interior se la retiró lentamente gozando de aquel momento al máximo hasta que la tuvo completamente desnuda y completamente suya.



Contempló su magnífica desnudes y ella le dirigió una seductora sonrisa que se desvaneció cuando él comenzó a atarle brazos y piernas a las patas de la mesa para luego desaparecer de su vista; ella escuchó como revolvía utensilios de cocina hasta que finalmente regresó.



-¿Sabes? Tenía dudas de cómo procedería ahora, pero encontré un sartén eléctrico y eso ayuda bastante. – dijo él de pronto y colocó el sartén junto a ella.

-¿Para que quieres un jodido sartén eléctrico?

-Nunca me ha gustado la carne cruda – respondió él con un ligero tono humorístico y repentinamente le clavó un tenedor en el seno derecho como apoyo para cortarlo con uno de los afilados cuchillos, Clare lo maldijo tanto como pudo pero era como si él no pudiera escucharla, sazonó el trozo de carne y procedió a colocarlo sobre el sartén, el aroma le resultó embriagante, y cuando hubo estado bien cocido lo vislumbró momentáneamente, con aquella perforación le resultaba aún más tentador y cuando se lo llevó a los labios sintió que estaba degustando el más excelso manjar de su existencia.



Probó luego la carne de su espléndido trasero y su rosada vagina, ambos le resultaron exquisitos y ¡ah! Los desgarradores gritos de dolor que ella exclamaba le resultaron tan magníficos como cualquier caprice de Paganini, hubiera querido deglutirla por completo como había fantaseado tantas veces, sin embargo sabía que era físicamente imposible así que decidió llevar a cabo su fantasía final.
Tomó un bote de crema batida que había encontrado en el refrigerador y lo introdujo en la garganta de Clare liberando su contenido, ésta se ahogó con la mitad de él por lo que el resto quedó acumulado en su boca, Mattew decapitó a su víctima con tres machetazos y puso aquella cabeza sobre su palpitante músculo erecto, fue indescriptiblemente delicioso, la sangre mezclada con la crema batida daban una sensación extraordinariamente placentera, además los vidriosos ojos de Clare mirándolo acrecentaban su gozo, movió frenéticamente aquella cabeza hasta que estalló de placer provocando que de la boca de Clare surgiera semen mezclado con la dulce crema.

Contempló la cabeza de aquella chica que siempre lo había mirado desdeñosamente y quiso conservarla, sin embargo le pareció inconveniente y decidió simplemente vestirse y abandonar el lugar.



Bajó por el elevador y no vio rastro de la maid o Liss, pensó que si corría lo suficientemente rápido lograría escapar sin pagar la temida y desconocida cuota, pero justo antes de alcanzar la puerta sintió un pinchazo en el cuello y calló al suelo. Despertó totalmente inmóvil y con la visión ligeramente borrosa, notaba una silueta femenina moviéndose frente a él.



-¿Acaso no leíste el contrato Mattew? El precio SIEMPRE se paga – la voz le resultaba vagamente familiar, ¿Liss? Su vista estaba aclarándose poco a poco. – La droga que te inyecté te impedirá moverte, sin embargo podrás sentirlo todo.
Mattew parpadeó varias veces, era el único movimiento que podía hacer, por fin su visión se aclaró, la mujer que estaba frente a él llevaba la ropa de Clare, ¿qué clase de enferma roba la ropa de una muerta?, sin embargo él no era el indicado para juzgar algo así, aquella mujer le puso un objeto frente al rostro, un gancho como los que se usan para sostener a los cerdos decapitados en las carnicerías, dirigió su vista hacia su captora y contempló con terror que se trataba de Clare. “No puede ser, yo te maté, ¡yo te maté!” se repetía mentalmente. Ella pareció entender lo que pensaba y soltó una estridente risa.



Aquella fantasma clavó el gancho en los genitales de Matt y jaló de la cuerda que lo sostenía levantándolo varios centímetros del suelo, su escroto sangraba y como ella lo dijo, él no podía más que sentir aquel insoportable dolory las lágrimas que brotaban de sus ojos a causa de él; maldijo una y otra vez a Clare mentalmente, suplicó y rogó a un Dios del que siempre había renegado que lo salvara de aquel terrible sufrimiento, pero éste simplemente se volvió peor, pues Clare comenzó a desollar su rostro y su cuero cabelludo; ella le llevó un espejo y él quiso evitar aquella visión horrible, sin embargo ya no poseía párpados y tuvo que observar como su belleza se había desvanecido dejándolo como un adefesio rojizo y desagradable; por fin pudo mover los labios y formuló una sola palabra:

-¡Bájame!

Su torturadora sonrió perversamente, alzó lentamente un largo cuchillo y le cortó de tajo los genitales, Mattew cayó fuertemente al piso y miró con horror su virilidad aún colgada del gancho, gritó hasta quedar ronco.


Mattew se despertó con su propio grito, asustado palpó su entrepierna, todo seguía en su lugar, corrió hacia el espejo del baño, su bella piel se mantenía sobre su cráneo. Miró el reloj, una vez más se le había hecho tarde para llegar a la escuela. Tomó sus cosas de prisa y corrió hacia la universidad que estaba bastante cerca de su departamento. A pocos pasos de llegar a su salón sintió una mano en su hombro, volteó y se encontró de frente con Clare, no pudo contener una reacción de miedo al recordar su terrible “sueño”.

-Disculpa, se te cayó esto. – le dijo ella entregándole una pequeña tarjeta blanca y se fue. Mattew la miró y casi la deja caer cuando la leyó “El burdel de las parafilias”. Le gritó a Clare, quería hablar con ella sobre lo que había sucedido, sin embargo ella sólo le guiñó un ojo y se llevó el dedo índice a los labios, él entendió la señal, nunca hablarían de aquel asunto.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

EL BURDEL DE LAS PARAFILIAS Capítulo 3:



EL BURDEL DE LAS PARAFILIAS
Capítulo 3: Hibristofilia, masoquismo y Bundy
Ahí estaba Alyssa Romanova (Liss), entrevistándose con una nueva clienta, recibía a unos 40 al día, de los cuales apenas la mitad aceptaban los términos del acuerdo y muy pocos eran los que hacían peticiones interesantes. Frente a ella se encontraba una joven de diecinueve años, bastante delgada que evitaba hacer contacto visual, llevaba una falda corta y una camiseta de tirantes, su nombre era Jazmin Auz.
-De acuerdo señorita Auz, ¿vino por qué tiene algo en específico en mente o quiere que le sugiera alguna de nuestras parafilias más populares?




-He pensado en algo pero es…es algo imposible – al escuchar esto Alyssa apenas evitó hacer un sonido de molestia, escuchaba esa palabra muchas veces al día y rara vez precedía a una fantasía difícil de realizar, normalmente se referían a alguna situación incestuosa o de adulterio, nada que un buen secuestro no pudiera solucionar, sin embargo en muy raras ocasiones había circunstancias más complejas pero no había imposibles para ella.
-Esa palabra no existe para nosotros. – respondió Liss con completa convicción.
-Quiero tener sexo con Ted Bundy – le respondió Jazmin mirándola por primera vez a los ojos y desviando de inmediato la mirada retomando su tono tímido – Bueno, no tendría que ser él, no quiero tener sexo con un esqueleto…podría ser un imitador.
-Ted Bundy, buena elección, ¿tiene alguna otra petición?
-Sí, quiero que sea agresivo pero no lo suficiente como para hacerme daño permanente.
Liss le dijo que su habitación estaría lista pronto y le indicó que esperara en la sala dos, Jaz entró tímidamente a aquél lugar ruidoso y tomó asiento lejos del resto de la gente. En el escenario había una mujer desnuda y amordazada de pie con los brazos y piernas atados a los extremos del lugar, a su lado había una mujer con un vestido diminuto de cuero que portaba una máscara de conejo negra que dejaba al descubierto sus labios y a la orilla había una anciana de aspecto maligno sentada en una mecedora con una canasta llena de utensilios diversos.
La coneja se acercó a la mujer encadenada con un machete gigantesco, acarició su cuerpo y mordió uno de sus pezones haciendo que se estremeciera, se introdujo dos dedos a la boca para humedecerlos y empezó a manipular el clítoris de su esclava que a pesar del temor no pudo evitar sentir placer. Con la mano libre alzó el machete y lo dejó caer sobre el muslo izquierdo de su víctima rebanándolo cual si fuera un filete provocando que se retorciera frenéticaente y gimiera de dolor, le arrojó el trozo de piel a la anciana que comenzó a manipularlo con sus arrugados y deformes dedos.
La torturadora siguió desollándola como un fuera un animal, jalándolo la piel y utilizando el machete cuando era necesario mientras su víctima lloriqueaba suplicante, arrojaba los trozos de piel a la anciana que movía las manos con una velocidad anormal y no permitía ver lo que hacía con aquellos restos humanos.
El escenario estaba salpicado de sangre y la víctima ya no reaccionaba demasiado, sin embargo Jazmìn estaba impresionada, quería tocar aquel cuerpo rojizo y viscoso que apenas conservaba piel en sus manos, piel y rostro.
La sádica liebre tomó unas pinzas de entre las herramientas de la anciana, le quitó la mordaza a la figura ensangrentada y comenzó a arrancarle los dientes uno por uno arrojándoselos a la anciana que los tomaba y usaba para un propósito desconocido; cuando terminó con la dentadura la observó, ya no conservaba fuerza alguna y apenas se detenía por las largas cadenas, acarició su rostro agonizante con sangre fluyendo de las encías lastimadas y lo besó procurando lamer toda la sangre en él. De pronto la voz de la anciana la interrumpió, había terminado su extraño cometido.
De pie se podía notar que la anciana no podía medir más de un metro cincuenta, caminó hacia la enmascarada sosteniendo el montón de piel humana, desató su pequeño atuendo de cuero dejándolo caer al suelo mostrando un juvenil cuerpo perfecto y en su lugar colocó los trozos de piel que había convertido en un vestido, le quitó la máscara y la remplazó por una diadema que había decorado con los dientes arrancados; al retirarse la anciana, Jazmin pudo notar que la sádica coneja era tan sólo una jovencita de de 15 años.
Con el vestido de piel y la diadema parecía una versión gore del hada de los dientes, caminó por el escenario cual si se tratara de una pasarela y finalmente hizo una reverencia ante el público que estalló en aplausos. Jaz estaba maravillada ante el espectáculo y se unió al entusiasmo general, hasta que una voz aguda la asustó.
-Señorita Auz, su habitación está lista – le dijo una maid – Le corresponde la 207, sígame.
Jazmín la siguió hasta el segundo piso, entonces le entregó una tarjeta y una pequeña llave, ambas con el número 207 en ellas; le pareció un poco extraño que la acompañara hasta ese punto pero no hasta su habitación, sin embargo no le dio importancia y se dedicó a buscar su habitación.
Todas tenían grandes puertas metálicas lo que la puso un poco nerviosa pero siguió caminando hasta la 207 y deslizó su tarjeta por la ranura indicada, la puerta se deslizó automáticamente, dio un par de pasos dentro y volvió a cerrarse asustándola, tras un pequeño pasillo había una puerta de madera con un letrero en ella “T. Bundy”, por un momento se sintió como Clarice visitando a Lecter pero a diferencia de ellos, aquí no habría un vidrio entre ambos. Introdujo la llave en la cerradura rogando que la fama del lugar estuviera justificada y que no apareciera frente a ella un imitador de Bundy regordete y grotesco, giró la llave y entró al lugar.

Era un cuarto de hotel como cualquiera con escasos muebles (tal parecía que hasta ahí había llegado su presupuesto), y pudo ver a un hombre en cuclillas que parecía muy abstraído en alguna actividad pues ni siquiera volteó cuando ella cerró la puerta. Estaba de espaldas así Jazmín se acercó cautelosamente intentando descubrir que es lo que hacía, cuando estuvo a apenas un metro de distancia lo averiguó con horror, estaba agazapado sobre el cadáver de una mujer extrayendo sus intestinos con la ayuda de un largo cuchillo.
Jaz no pudo reprimir un grito y el hombre giró hacia ella, era increíblemente parecido a las fotografías y videos que había visto de Ted Bundy; el cruel asesino salpicado de sangre dejó al cuerpo inerte y se acercó a ella sosteniendo aún su afilada arma; la mujer estaba paralizada por una oleada de excitación y terror que aumentó cuando él la sostuvo fuertemente de la cabellera y la besó con brusquedad para luego abofetearla con tanto ímpetu que la derribó.
El rostro de Jazmín ardía y palpitaba deliciosamente por el dolor y deseó a ese hombre más que nunca, él se arrodilló frente a ella, recorrió sus piernas desnudas lentamente con el cuchillo hasta llegar a su falda que cortó violentamente causándole heridas en los muslos, su ligera camiseta cedió fácilmente ante el filo al igual que su ropa interior.
Aquel psicópata cerró una de sus largas y fuertes manos alrededor del cuello de Jazmín mientras la penetraba bestialmente, luego tomó las piernas de la joven y las puso sobre sus hombros tras lo cual comenzó a propinarle fuertes puñetazos en el rostro hasta hacerla sangrar.
Ella gozaba con ese intenso dolor que ninguno de sus previos amantes había logrado proporcionarle y sufrió un espasmo casi orgásmico cuando sintió como su labio inferior se rompía liberando una buena cantidad de sangre que lamió con una mueca lasciva, lo que enfureció a su compañero.
- ¡Así que te gusta la sangre, perra! – pronunció él al mismo tiempo que la arrastraba por el cabello hasta donde se encontraba el cadáver y la arrojó de bruces contra él. Bundy la mantuvo así, de rodillas frente a aquel despojo humano y le introdujo su palpitante miembro por el ano mientras azotaba su cabeza contra los órganos expuestos de lo que alguna vez fue una mujer.
Así, siendo sodomizada, con la cabeza hundida entre vísceras y sintiendo como aquel asesino serial le tajeaba en la espalda y las piernas que se humedecían de sudor y sangre Jazmín tuvo el mayor orgasmo de su vida y al poco tiempo sintió como sus heridas eran salpicadas de líquido seminal.
-Ahora lárgate si no quieres terminar como ella - le dijo Ted señalando al cadáver que le había servido de almohada. Jazmín se envolvió con una sábana, tomó rápido el par de llaves y salió de aquél cuarto, sonrió satisfecha (o al menos lo intentó ya que su maltrecho y adolorido rostro no podía gesticular del todo) sin embargo su sonrisa se desvaneció cuando notó que la puerta no tenía una ranura para deslizar su tarjeta como en el exterior, de hecho no se veía ninguna posible forma de abrirla desde adentro. Intentó empujarla, deslizarla e incluso golpearla pero nada funcionó, de pronto escuchó una voz y se dio cuenta de que provenía de un interfon.
-¿Ha terminado señorita Auz? – pronunció la voz de Liss.
-Sí, ya quiero salir – respondió ella observando con temor la puerta con aquella inscripción “T. Bundy”.
-Claro, aunque antes debemos hablar de su pago.
-Bien, déjeme salir de aquí y podremos hablar de eso. – dijo sin dejar de mirar hacia la puerta.
-No es necesario, verá, el sr. Bundy realizó un viaje bastante largo para complacerla y sería injusto que se marchara tan pronto, así que su pago será mantenerlo entretenido un poco más.
-Pero…- un sutil sonido indicaba que la comunicación se había cortado, Jazmín gritó suplicante que la dejaran salir mirando aterrorizada aquella puerta de madera y sus ojos se humedecieron en aquel hinchado rostro cuando Ted fue el único que reaccionó con sus gritos.
-Ah, sigues aquí – le dijo obligándola a entrar de nuevo al cuarto mientras ella lloriqueaba y forcejeaba tratando de liberarse inútilmente.
Él la ató a una silla, desprendió el largo tubo metálico del clóset con el que contaba aquella habitación y comenzó a golpearla con furia, a ella el dolor dejó de parecerle estimulante cuando sintió como los huesos de sus piernas se rompían y sobresalían de su piel, ya no veía a aquel hombre como un sex symbol si no como el monstruo sádico que era, hasta que de pronto la miró casi misericordiosamente recuperando un poco de su encanto.
-Me da tanta pena ver a un hermoso rostro como este tan maltratado – pronunció acariciándola, tomó una funda de almohada y se la colocó en la cabeza atándola fuertemente en el cuello limitando la respiración de Jaz al mínimo.
Jazmín sentía todo su cuerpo como una gran herida abierta y creyó que era imposible sentir aún más dolor, escuchó que su agresor se alejaba y pensó que por fin se había aburrido de ella, de pronto el sonido de madera rompiéndose la asustó, ya que tenía el rostro cubierto no tenía idea de que hacía Bundy. De pronto sintió como él abría sus adoloridas piernas y deslizaba una mano hacia su vagina, no pudo evitar sentir un poco de placer ante ese contacto pero se desvaneció rápidamente cuando la pata de una silla penetró dentro de ella, quiso gritar pero la presión sobre su garganta se lo impidió y comenzó a sentir como la vida se escapaba de su cuerpo.
Jazmín se despertó sobresaltada en su cama, sudor frío resbalaba por su espalda, llevó las manos al cuello para comprobar que ahí no había nada, luego corrió a mirarse al espejo de su tocador, tenía el labio inferior morado e hinchado al igual que el ojo izquierdo pero nada más y en una esquina del espejo miró una tarjeta que decía: “El burdel de las parafilias”, leyó el reverso, sonrió ampliamente y dijo:
-Claro que volveré.

domingo, 2 de agosto de 2015

EL BURDEL DE LAS PARAFILIAS CAPITULO 2


EL BURDEL DE LAS PARAFILIAS
Rompiendo protocolos





Lolicon8: Sé de un lugar donde puedes cumplir tu fantasía.
Putrid-doll: ¿Enserio? ¿Dónde?
Lolicon8: En el centro, es un burdel clandestino.
Putrid-doll: ¿Un burdel? ¿Y cuánto cobran? Sabes que aun dependo del dinero de mis padres.
Lolicon8: No te preocupes por el dinero, digamos que pagas en especie…
Putrid-doll: Eso no suena bien…
Lolicon8: ¿Qué tanto deseas hacerlo?
Putrid-doll: Touché, valdría la pena aunque terminara como la chica de réquiem por un sueño.
Lolicon8: Sólo un consejo…excédete, desquita tu pago al máximo y no te arrepentirás.
Putrid-doll: Me conoces, sabes que lo haré, dame la dirección.

Él se la escribió enseguida con una breve descripción del lugar y le indicó que preguntara por Liss, tras pocos minutos de charla intrascendental sobre sus filias, ambos se desconectaron. El Nick “putrid-doll” pertenece a Jennifer Díaz, una adolescente de 15 años, decir que es aficionada al gore sería poco, lo indicado sería decir que tiene una obsesión con él; está suscrita a cuantas páginas al respecto ha encontrado y no simplemente disfruta mirar personas cortadas en dos, decapitadas o con la materia gris fuera del cráneo si no que le genera una seria excitación. Creyó que todo se limitaba al morbo, sin embargo comprobó lo contrario durante una visita escolar a la morgue, tras algunos minutos de contemplación de aquel cadáver masculino con los intestinos expuestos tuvo que correr al baño a masturbarse para no saltar sobre él y su verduzco cuerpo.
Al leer las palabras de Lolicon8 (no tenía ni la mínima idea de cual era su nombre verdadero) supo que tendría que visitar aquel lugar esa misma noche; guardó en su mochila una serie de artículos que pensó que podría utilizar: un atuendo de dominatrix, un par de botas de piel con plataforma alta y su amada katana sumamente afilada que su madre no consiguió prohibirle comprar; esperó a que sus padres se durmieran y salió sigilosamente por la ventana como tantas veces lo había hecho antes cuando deseaba irse de juerga sin su consentimiento.
Le resultó sencillo localizar el viejo edificio con la descripción de Lolicon8, habló con la anciana, cruzó por el pasillo abandonado y descendió las escaleras encontrándose con la orgía. Ya que no poseía una buena vista se acercó a observar de cerca aquella masa gimiente, penetraciones por aquí, lengüetazos por allá, sin duda resultaría excitante para un visitante común sin embargo era demasiado ordinario para su gusto.
Una atractiva joven de escasa vestimenta se acercó a ella con una charola repleta de dulces, lo cual le resultó bastante curioso en un lugar así, sin embargo los dulces eran una de sus mayores debilidades.
-¿Qué tienen? – preguntó ella suspicaz asumiendo que tendrían alcohol o droga.
-Las paletas son de pene cubierto con chocolate, los caramelos de limón con relleno de ojo en el centro y los bombones tienen sesos. – dijo ella con total naturalidad, Jennifer pensó que ella bromeaba pero no la cuestionó, tomó una paleta, varios dulces y algunos bombones; lo primero que comió fue la paleta descubriendo que era real y la disfrutó como ninguna golosina en su vida.
Estaba tan absorta comiendo aquellos dulces caníbales que se había distraído por un momento de su propósito en ese lugar, sin embargó apareció una mujer de al menos 1.80 m. de alto, de cabello oscuro, figura esbelta y rasgos europeos que la regresó a su misión.
-Vaya, nunca había visto una mujer tan joven por aquí.
-¿Tú eres Liss? – preguntó Jennifer disimulando hábilmente lo intimidada que estaba por su estatura y su belleza.
-Exactamente, supongo que viniste a hablar de negocios – pronunció tras lo cual la condujo a su oficina.
-Tengo entendido que pueden cumplir cualquier parafilia.
-Así es, cualquiera en absoluto. ¿Y cuál es la parafilia de una jovencita como tú?
-¿Tiene a la mano una libreta para tomar notas?
-No es necesario, tengo una memoria excelente.
-Espero que así sea. Quiero 6 personas, 3 hombres: todos de más de 1.80 m, piel clara, cabello oscuro, penes mayores a 18 cm., delgados pero bastante fuertes, atractivos, masoquistas, de entre 17 y 20 años, 3 mujeres: que no midan más de 1.70 m, piel clara, delgadas, hermosas, igualmente masoquistas, entre 14 y 17 años; todos sumisos y desnudos, necesito un cuarto con una tina amplia llena de sangre tibia, una cama grande, una silla ostentosa (de poder proporcionarme un trono sería excelente), unas cuerdas bastante resistentes y un juego de cuchillos afilados.
-¿Eso es todo? – preguntó Liss ligeramente sorprendida por las exigencias de aquella joven. Jennifer respondió afirmativamente y su interlocutora le proporcionó dos catálogos, uno de mujeres y uno de hombres para que escogiera su harem, los contempló un par de minutos y soltó un suspiró.
-Esto de los catálogos no me agrada, son sólo fotografías y datos al azar, preferiría escoger a mis chicos en persona. – pronunció arrojándolos al escritorio de Liss.
-Tenemos alrededor de 300 personas que cumplen con tu descripción, ¿piensas verlos a todos? – Jennifer fantaseó un momento con encontrarse rodeada de una multitud de personas hermosas entre las cuales elegir, sin embargo resultaba poco práctico y debía volver a su casa antes de que sus padres despertaran.
-Tráeme lo mejor que tengas, 10 hombres y 10 mujeres, tu mejor material.
-Puedo asegurarte que todo lo que tenemos es excelente “material” – dijo Liss acentuando burlonamente esa última palabra.
-Bien, entonces no te costará elegir 20.
-Rob, trae a 10 chicos del grupo AD201 y a 10 chicas del grupo TD104 no mayores a 1.70 m. Sí, ahora, a mi oficina. – telefoneó rápidamente. – Estarán aquí en cinco minutos. – respondió ella amable.
-La persona que me recomendó este sitio me mencionó que cobraban en especie, de acuerdo a la fantasía a cumplir, en ese caso, ¿cuál será el precio por la mía?
-El precio nunca se menciona antes de cumplir sus peticiones, no queremos asustar a los clientes, además ¿no valdría cualquier precio cumplir su fantasía?
-OK, no insistiré con eso, pero tengo otra pregunta, si nunca le cobran un centavo a sus clientes, ¿de dónde obtienen recursos para seguir manteniendo el negocio?
-Aunque no lo parezca éste es un negocio bastante rentable y tenemos muchas otras formas de sustentarnos.
Justo al terminar esa frase apareció Rob con la ansiada petición de Jennifer; Liss tenía razón, todo era excelente material, tanto que Jennifer consideró por un momento cambiar su trato y conservarlos a todos. Sin embargo la parte de la elección iba a disfrutarla también. Los observó a grandes rasgos y confirmó que todos entraban en su descripción.
-Me decepcionas, ¿cómo pretendes que los elija en estas condiciones? – dijo ante la sorpresa de Liss que no parecía entender a que se refería - ¡Están vestidos! No podría estar segura de hacer una buena elección de esta manera. – Ella le dio la razón y les ordenó que se desnudaran, todos obedecieron sin titubear, Jennifer los examinó atentamente, todos eran tan bellos y perfectos que tuvo que ir desechándolos por nimiedades hasta que por fin se quedó con seis elegidos: Vanessa Aime, Daniel Cifer, Viri Luna, Sally Mayer, Said Barrera y Eduardo Flores. Se les ordenó que se retiraran y Jennifer lamentó esto, pero sabía que pronto serían suyos.
-Tendremos tu habitación dentro de una hora, te ofrecería unirte a la orgía que presenciaste al llegar pero dados tus gustos me parece que la sala dos te resultará más interesante, sígueme.
Liss la llevó a lo que parecía un club fetichista (aunque de haber sido un hombre mayor de inmediato lo habría tomado como un men’s club) música electrónica hacía retumbar las paredes, del techo pendían un par de jaulas en las que bailaban mujeres que devoraban partes de cuerpos humanos, algunas personas se acercaban a ellas y eran salpicadas de sangre; al fondo del lugar había una escenario, por lo cual Jennifer se imaginó que en algún momento habría música en vivo o algo similar.
-Hoy tenemos un buen show, disfrútalo.- dijo Liss antes de retirarse.
No transcurrieron ni diez minutos antes de que en aquel escenario aparecieran tres mujeres en corsets y faldas diminutas: una pelirroja de cabello corto bastante alta y voluptuosa que tenía un aire salvaje, una castaña de cabello largo de baja estatura que expelía sensualidad por cada poro y una rubia delgada y alta que emitía cierta timidez en sus movimientos, estaban contoneándose al ritmo de “Thunderkiss 65” tan eróticamente que Jennifer no pudo evitar reaccionar como todos los presentes y se acercó al escenario a mirarlas de cerca; un insulso hombre visiblemente alcoholizado tocó descaradamente el trasero de la castaña que intercambió sonrisas con las demás bailarinas y procedió a invitar a aquel hombre a subir al escenario mostrándole una silla en él.
Las tres bailarinas lo ataron firmemente a la silla y la pelirroja le realizó un breve lap dance que lo convirtió en el hombre más odiado del lugar, aun moviéndose al ritmo de la música se agachó frente a él, le desabotonó la camisa, lamió su abdomen desnudo y comenzó a arrancarle la piel con sus afilados dientes, con las manos se abrió paso en aquel cuerpo que se retorcía convulsivamente y le extrajo los intestinos que arrojó al público, el cual gritaba extasiado incluida Jennifer que había disfrutado el show en demasía.
La pelirroja caderona se acercó a lo que solía ser un hombre, extrajo un cuchillo de su liguero y comenzó a decapitarlo mientras las otras bailarinas continuaban moviéndose al ritmo de la música (que ahora era “Shake your blood”), cuando por fin desprendió la cabeza la ofreció al público que gritaba y se empujaba para conseguirla; Jennifer ni siquiera lo intentó, le hubiera encantado tenerla pero sería difícil explicarle a sus padres como la había obtenido. Finalmente pelirroja arrojó la cabeza dejando que el público peleara por ella para luego desaparecer tras el escenario junto con las demás bailarinas y un par de hombres recogieron el resto del cadáver, ahora Jennifer tenía una idea de como obtenían los materiales para realizar aquellas golosinas.
-¿Jennifer Díaz? – le preguntó una hermosa joven que llevaba un traje de maid y ella asintió – Su habitación está lista, es la -105 – dijo entregándole la llave, era antigua, grande y pesada, con el número grabado en ella.
La maid la condujo un piso más abajo, parecía llevarla a una mazmorra antigua, pasaron por algunas puertas todas con números negativos hasta que llegaron a la -105, era una puerta de madera que lucía perteneciente a un monasterio.
-Que lo disfrute – dijo la maid alejándose de prisa.
Jennifer tomó su pesada llave y abrió la puerta ansiosa...





Jennifer tomó su pesada llave y abrió la puerta ansiosa. Ahí se encontró con sus seis elegidos, examinó la habitación comprobando que contaba con todas sus exigencias además de un gran espejo que ocupaba casi una pared completa, contempló particularmente embelesada la tina llena de líquido rojizo y ansió zambullirse en ella enseguida, pero dominó sus impulsos. Regresó a observar a sus hermosos esclavos pensando cual sería el indicado para su primera acción, los recorrió lentamente con la mirada y finalmente se decidió por Viri, su rostro amigable y tierno le indicó que ella era la adecuada.
Le ordenó a Said y a Eduardo que la colgaran paralelamente sobre la tina mientras Vanessa y Sally la desnudaban, tomó su katana y se introdujo en la tina, con ambas manos tomó un poco del líquido que contenía y se lo llevó a los labios verificando complacida que era sangre; acercó su rostro al de esa bella mujer colgante y la besó intensamente dejando una mancha escarlata en sus labios. Volvió a recostarse en la tina y comenzó a recorrer el cuerpo de Viri con la katana desde los pies hasta llegar a sus pechos, con un movimiento rápido cortó uno de ellos que cayó directamente en la tina, ella soltó un grito de dolor y se retorció intentando liberarse de sus ataduras lo que divirtió a Jennifer y la incitó a mutilarle el otro pecho ocasionando un nuevo alarido y salpicándola de sangre; finalmente tomó la katana y le realizó un profundo corte en el abdomen causando que sus vísceras cayeran por doquier.
Jugueteó con aquellas entrañas cual si se tratara de una niña con su patito de hule e incluso se colocó una fracción de intestino alrededor del cuello a manera de bufanda, cuando volvió de su abstracción notó que Daniel la miraba con una notoria erección.
-¿Acaso te excita la sangre? – le preguntó a él curiosa.
-Sí ama, y más cuando la porta una mujer tan hermosa como usted.
Entusiasmada por esas palabras le indicó que se uniera a ella en la tina, a lo que él obedeció enseguida, se colocó sobre su miembro erecto y lo ahorcó ligeramente con los intestinos mientras movía su cadera de arriba abajo enérgicamente; el mirarlo cubierto de sangre y con ese tono violáceo que comenzaba a tomar debido a la falta de oxígeno la excitó excesivamente así que tomó su cabeza y comenzó a azotarla contra la orilla de la tina mientras tenía el mayor orgasmo de su corta vida, cuando por fin se detuvo notó que el cráneo de Daniel se había roto y sus sesos se esparcían por el suelo. Miró su mórbido rostro y lo besó ávidamente mientras introducía su mano por el hueco de su cráneo sintiendo sus sesos.
Salió de la tina y le ordenó a sus cuatro esclavos restantes que limpiaran la sangre de su cuerpo utilizando sus lenguas, mandato que cumplieron a la perfección. Se atavió con el atuendo de dominatrix y las botas altas. Tomó de nuevo su katana y se acercó determinadamente al rígido cuerpo de Daniel para cortarle una mano, dejó el arma y caminó a Sally que la miraba provocativamente, la tomó bruscamente por el cuello y mordió sus hombros con fuerza haciendo que gimiera de placer mientras comenzó a masturbarla con la cercenada extremidad de Daniel, cuando notó que la chica estaba completamente extasiada tomó un cuchillo y lo deslizó hábilmente por el lado izquierdo del pecho de Sally, introdujo su mano en la herida y extrajo su corazón el cual aún latió un par de veces fuera del cuerpo, ella cayó muerta al instante y Jennifer mordisqueó aquel corazón lúbricamente.
Se acercó felinamente a Eduardo que contemplaba con suma atención aquella escena, se inclinó ante él e introdujo su miembro en su boca, recorriéndolo con su lengua. Le indicó a Said que colocara el mango de su katana en alguna rendija del suelo de manera de que ésta quedara tan firme como una delgada columna y mientras él obedecía ella prosiguió con su virtuoso fellatio para alguien de su edad. Cuando su mandato fue cumplido ordenó que ataran de pies y manos a Eduardo y que fuera empalado sobre su afilada arma, la sangre brotó abundante de su ano y él aulló de dolor tratando de librarse de aquella dolorosa tortura, sin embargo (ante la gran sorpresa de Jennifer) la erección permanecía en ese atormentado cuerpo así que ella saltó sobre Eduardo, sosteniéndose en sus hombros y moviendo su pelvis sobre aquella fuerte erección causando que la katana penetrara más dentro de aquel cuerpo hasta que por fin salió destrozando el ojo derecho de Eduardo, Jennifer besó su boca ensangrentada y lamió su ojo izquierdo logrando un segundo orgasmo.
Se retiró de aquel cuerpo y miró a sus dos esclavos restantes, se acercó a Vanessa y la condujo a la gran cama antigua atándola de brazos y piernas a las columnas que sobresalían, tomó uno de los cuchillos colocándose sobre ella, ordenó a Said que la penetrara mientras ella realizaba profundos cortes en el cuerpo de Vanessa lamiendo la sangre brotante, procedió a lamer su vagina gustosamente sin dejar de recorrer su cuerpo con el cuchillo causando que gimiera de placer y dolor. Jennifer se detuvo un momento y la miró, ni aún cubierta de cicatrices perdía su belleza y sintió una gran envidia; ordenó a Said que sostuviera esa hermosa cabeza mientras ella desollaba su rostro, Vanessa forcejó inútilmente y Jennifer cumplió su misión, tomó ese rostro y lo colocó sobre el suyo, se miró en el espejo y quedó complacida.
Notó que la rendija que sostenía su katana se había roto debido al peso dejando caer el cuerpo empalado de Eduardo así que se acercó a él y extrajo su arma ensangrentada, se sentó en el majestuoso trono que le habían proporcionado y obligó a Said a que se arrodillara frente ella y le realizara sexo oral, sostuvo su cabeza mientras se retorcía ligeramente de placer, tomó la katana y cuando alcanzó el clímax por tercera vez decapitó a Said, mantuvo aquella cabeza contra su pelvis hasta que el éxtasis terminó, luego la tomó con ambas manos y la besó febrilmente.
Miró a su alrededor contemplando todos los cadáveres que había dejado y sonrió complacida, imaginó todo lo que podría hacer con ellos, sin embargo estaba por amanecer y debía volver a su casa. Se dio una rápida ducha, se cambió de ropa, limpió su katana y se dirigió melancólicamente a la puerta, dándole un último vistazo a los despojos humanos hasta que se decidió a salir. Tras la puerta estaba la adorable maid de nuevo.
-¿Fue lo que esperaba? – le preguntó.
- Sí, aunque creo que podría haberlo hecho mejor. Supongo que estás aquí para hablar del pago. – dijo ella resignándose.
-No exactamente, Liss le envía esto – dijo entregándole un sobre que Jennifer abrió esperando ver una cuenta con muchos ceros a la derecha. Sin embargo se trataba de dos hojas escritas a mano que leyó a grandes rasgos, captó algo sobre su gran creatividad y potencial que podrían ser explotados, además de una disculpa por tener que asuntarse y una ostentosa firma al final: Alyssa Romanova.
-¿Qué es esto? – preguntó Jennifer sin entender.
-Una oferta de trabajo.

martes, 2 de junio de 2015

El Burdel de las Parafilias Parte 1

AQUI ENCONTRARAS LOS 5 CAPITULOS DE LA CREEPYPASTA ''EL BURDEL DE LAS PARAFILIAS''. AUTORA: FAIRUZA


El Burdel de las Parafilias Parte 1






El Burdel de las Parafilias (parte 1, no se recomienda que lo lean las personas de poco criterio o demasiado moralistas)

Leonel había escuchado rumores acerca de un burdel clandestino en el centro de la ciudad, decían que en ese lugar se llevaban a cabo toda clase de perversiones, desde BDSM hasta canibalismo, zoofilia, coprofilia, incluso necrofilia, claro que el costo variaba de acuerdo a la perversión deseada.

Él siempre había sido un pedófilo en secreto, se paseaba constantemente fuera de las primarias observando con lascivia a las pequeñas niñas en sus uniformes escolares imaginando sus poco desarrollados cuerpos bajo ellos, deseaba tanto poseerlas como matarlas a golpes, pero por supuesto aquello era ilegal.



La Deep Web era un paraíso para él, miles de fotos de pequeñas niñas desnudas realizando actos sexuales y algunas incluso siendo maltratadas, todas clasificadas por edades, sus preferidas eran las de siete años pues consideraba que dejaban de parecer bebés para empezar a tener un poco de femineidad.
Así pasaba sus solitarias tardes, masturbándose con aquellas pequeñas sin nombre, deseando poder realizar su fantasía pero controlándose al saber que terminaría en prisión. Por ello, en cuanto escuchó sobre aquél burdel sus ojos se iluminaron, ahorraría hasta el cansancio, no le importaba cual fuera el precio, quería poseer una de esas lolitas.
Cuando por fin juntó una suma considerable de dinero acudió a la dirección que le había sido indicada, era un viejo edificio que lucía abandonado, en la entrada estaba una anciana pidiendo limosna con una niña de aproximadamente cuatro años, sucia y harapienta, “Espero que esa no sea la clase de niñas que hay dentro”, pensó él. Le habían dicho que le preguntara a la señora por “Liss” y así lo hizo.
-Le puedo decir donde encontrarla pero...¿está seguro de querer verla?
Leonel respondió afirmativamente y tras darle un par de billetes a la anciana, ésta le señaló una puerta en el interior del edificio, él percibió un extraño aroma que le recordó su visita a alguna mina pero lo ignoró y siguió caminando hasta la puerta, detrás de ella había unas escaleras descendentes
de las que provenía música y luces danzantes, tal parecía que estaba en el lugar indicado.
Al final de las escaleras había una larga estancia en la que se estaba realizando una orgía, eran al menos 20 personas teniendo sexo simultáneamente, todos poseían cuerpos hermosos y tentadores, observó en particular a las mujeres de piel que parecía cincelada por Miguel Ángel, de largas cabelleras rubias, castañas, pelirrojas, delgadas y con curvas pero todas ellas de una excepcional belleza, sin embargo dentro de toda la bacanal no había una sola niña y esto le decepcionó bastante.
-¿Quieres unirte? - le preguntó una mujer de largo cabello castaño y ropa formal pero provocativa. Leonel rechazó la propuesta y averiguó que aquella mujer era “Liss”, le dijo lo que deseaba y ella le pidió que la siguiera hasta su oficina. Ahí ella rebuscó entre una larga biblioteca y extrajo una carpeta azul que le entregó.
-Éste es nuestro catálogo de niñas de entre 6 y 9 años, están ordenadas por fecha de nacimiento, avíseme cuando encuentre alguna de su agrado.
Leonel pasó aquellas hojas, tenían varias fotografías de cuerpo completo y debajo de ellas su nombre y algunos datos: “Le gusta morder, buena para trabajos manuales, muda, sin dientes...” ninguna le llamaba del todo la atención hasta que vio una fotografía que resaltaba entre las demás, una hermosa pelirroja de ojos color miel “Haley R.: tímida, recién llegada, sin usar”, rozó ligeramente la fotografía con el dedo índice, supo que era la correcta y así se lo dijo a la mujer.
-Perfecto, ¿y será desechable?
-¿Disculpe?
-Me refiero a que sí no podremos ocuparla después, ¿piensa cercenarla o comerla?
-Ah, claro, será desechable.
-En eso caso ¿quiere algunas herramientas en la habitación?
-Sí, eso estaría bien.
-Perfecto y ¿gusta algún escenario en especial? ¿Un confesionario, un manicomio, un salón de clases?
-El salón de clases – dijo él inmediatamente.
-Entonces supongo que le gustaría que la niña llevara un uniforme escolar.
-Sería excelente.
-Es usted demasiado predecible, pero me parece bien, la habitación estará lista en una hora, mientras puede unirse a la orgía en la estancia.
Leonel regresó a contemplar la maraña de cuerpos, eran diferentes participantes pero igual de bellos que los primeros, se sentó en una sillón a observar aquella actividad, supuso que se le cobraría más si participaba así que se contuvo, aunque en realidad aún no había preguntado cuál sería el precio pero no le importó, tenía suficiente dinero como para pagar una casa.
Una hermosa joven desnuda se acercó a él con una charola repleta de rollos de sushi y unas cuantas copas de lo que parecía vino.
-Son...¿humanos? - preguntó nervioso creyendo que aquella chica se reiría de él.
-Sólo la mitad de la derecha, tenemos algunos clientes quisquillosos.
-¿Y exactamente de qué son?
-Los california tienen pezón, los filadelfia tienen vagina y los tampico corazón, de beber tengo sangre A+, O+ y vino espumoso, ¿gusta algo? - Leonel pidió un poco de todo y le preguntó a la mujer si unirse a la orgía tendría un costo adicional.
-Oh no se preocupe, ya es demasiado lo que cobramos por su fantasía como para cobrar extras.
-¿Y si no me alcanza para pagarles?
-Siempre se cumplen los pagos – dijo ella apenas conteniendo una sonrisa perversa.
Él mordisqueó su sushi de pezón y jugueteó con él en su lengua, eso le excitó bastante, miró hacia la masa de cuerpos frente a él, una bella mujer pelirrosa con una perforación en la lengua le realizaba un cunilingus a una chica tatuada y lo miraba incitadoramente, él no pudo contenerse más y se quitó los pantalones exponiendo una gran erección que de inmediato la introdujo en la vagina de la mujer perforada, ella gimió de placer y comenzó a lamer más rápidamente a su compañera que comenzó a gritar histéricamente que quería ser devorada, un hombre se acercó a ella pero Leonel estaba muy distraído como para notarlo, escuchó algunos gritos pero no le importó hasta que fue salpicado de un líquido, abrió los ojos ojos y se dio cuenta de que entre la pelirrosa y un hombre se habían comido la vagina y el rostro de la tatuada, esto le sorprendió un poco pero lo excitó más y terminó eyaculando dentro de la pelirrosa, así que se retiró de la orgía mientras los demás continuaban aún con aquel cadáver entre ellos.
Tras unos 15 minutos apareció de nuevo Liss.
-Su habitación está lista, es la 302 – dijo ella y le entregó su llave.
-Disculpe...aún no hemos hablado de cuanto me costará esto.
-Lo trataremos después de que termine, usted sólo disfrute la experiencia.
Tomó el elevador y llegó al cuarto piso, el lugar no se veía distinto de cualquier hotel, buscó el cuarto 302 y abrió la puerta nervioso.

El burdel de las parafilias (final)

Tomó el elevador y llegó al tercer piso, el lugar no se veía distinto de cualquier hotel, buscó el cuarto 302 y abrió la puerta nervioso. La habitación era una réplica exacta de un salón de clases, estaba el pizarrón, el escritorio del profesor y unas diez bancas ordenadas, además de las herramientas que le habían prometido. En la primera fila estaba su ángel uniformado “Haley”, era mucho más bella en persona, su piel parecía de porcelana, cerró la puerta con seguro y se acercó a ella, era tan perfecta y por fin era suya, no podía esperar, su pene reaccionó con tan sólo verla.
Se puso en cuclillas frente a ella y la besó, la boca inexperta de la niña apenas se movía mientras él introducía su lengua por su garganta, su mano se deslizaba por sus delgados muslos y rápidamente la despojó de su ropa interior. Colocó a la niña en el suelo y le abrió las piernas comprobando que aún era vírgen, observando su inmaculada y rosácea vagina no pudo evitar lamerla como loco pero sin penetrarla, miró el rostro de la niña que cerraba fuertemente los ojos, la tomó de la cabeza y le ordenó que lo mirara, ella obedeció, entonces él la desvirginó bruscamente, la expresión en su rostro valdría cualquier precio, CUALQUIERA! La pequeña comenzó a sollozar y lágrimas brotaron por sus delicadas mejillas, Leonel se excitaba cada vez más, abofeteó a la niña fuertemente hasta que su rostro tuvo un tono rojizo, luego tomó un martillo y comenzó a clavarle la parte posterior en el rostro y el pecho mientras la penetraba más y más rápidamente hasta que no pudo más y se corrió en el rostro desecho de la niña. Después de eso no le importaba cuanto la cobrarían, podía dar su casa, su auto, se podían llevar hasta a su madre y no le importaría.
Salió de aquella habitación bañado de sangre y con un enorme gesto de satisfacción encontrándose de nuevo con Liss.
-Veo que ha quedado conforme.
-Bastante y estoy listo para pagar, valió totalmente la pena.
-Me alegra oír eso ya que el precio es un poco más elevado de lo que piensa.
-Bueno, he ahorrado suficiente para esto, ¿cuánto será? ¿20,000? ¿30,000?
-No señor, no nos interesa su dinero.
-¿Entonces cómo voy a pagarle?
-Bueno, digamos que será proporcional a su placer...-dijo ella antes de conducirlo a otra habitación sin número.
Le ató los brazos a unas esposas que colgaban del techo y las piernas con otras que estaban en el suelo. Leonel pensó que un negro de dos metros podría violarlo y aún así habría valido la pena pero lo que apareció en aquel cuarto fueron 6 niñas, todas pelirrojas y no mayores de 8 años, pensó que estaba en el paraíso hasta que las niñas comenzaron a rodearlo y de pronto lo mordieron vorazmente arrancándole la piel de brazos, abdomen y piernas, tras lo cual salieron corriendo. Nunca había sentido un dolor similar, el cuerpo le ardía terriblemente y no dejaba de sangrar.
-¡Ya pagué el precio! ¿Contentos? ¡Déjenme salir! - gritó histérico intentando liberarse de las esposas, sin embargo sólo apareció una pequeña niña de nuevo, se parecía demasiado a Haley pero no podía ser, Haley estaba muerta.
Ella presionó un botón y él pudo escuchar un ruido similar a un taladro que provenía de debajo de sus piernas, el sonido se fue acercando hasta que él pudo sentir como en efecto, un taladro comenzaba a empalarlo lentamente.
-¡Deténte! ¡ya lo entendí, no volveré a hacerlo! ¡me alejaré de las niñas pequeñas! - le gritó a la niña que sonreía maliciosamente sin dejar de presionar el botón.
El taladro seguía avanzando a través de los órganos de Leonel causándole un terrible dolor como el que jamás hubiera imaginado, comenzó a sangrar por la boca y a convulsionarse, el sufrimiento era insoportable y sólo deseaba morir, finalmente el taladro salió por su boca con rastros de intestino deshecho y sólo entonces él quedó inconsciente.

Al día siguiente Leonel despertó en su cama sobresaltado y con un terrible dolor en el abdomen, “todo fue un sueño, un terrible sueño” pensó él hasta que sintió cierta humedad en su cobija, estaba llena de sangre, miró su abdomen y aún conservaba algunas de las mordidas hechas por aquellas niñas y en su buró estaba una tarjeta de presentación:
“El burdel de las parafilias. Vuelva pronto”